Dicen que la Navidad huele a pino, a chimenea, a ilusión…
Pero para nosotros, desde siempre, la Navidad huele a galletas alemanas recién horneadas.
Detrás de cada una de ellas hay algo más que mantequilla y especias:
hay historias.
Hay mesas iluminadas por velas, donde familias enteras esperaban a que el primer Lebkuchen (pan de jengibre) saliera del horno para anunciar que, por fin, había llegado diciembre.
En cada Spekulatius (Speculoos), Zimtstern (galletas de canela en forma de estrella) o Vanillekipferl (medias lunas de vainilla y almendra) vive un recuerdo de alguien que nos enseñó que las cosas más simples pueden ser las más eternas.
Por eso, cada Navidad abrimos nuestras puertas con los aromas de nuestros surtidos de pastas.
Aquí, en nuestra pastelería, la Navidad comienza con una galleta.
Y ojalá, cuando pruebes la tuya, empiece también el recuerdo más bonito de tu año.
